Ser madre

Si alguien me preguntara cómo imaginaba que sería ser madre, seguramente habría contestado algo así como: “Sé con certeza que no será fácil, habrán momentos complicados pero sobretodo será bonito y una experiencia que me gustaría vivir”. Una respuesta que ciertamente, no se aleja mucho de la realidad. La gran diferencia entre la realidad y la imaginación, es que, mientras dijera esas palabras, en mi cabeza flotaría la imagen de un bebé sonriente y perfecto, cómodamente reclinado en una sillita moviendo sus piernas en el aire e intentando alcanzar con sus manos algún juguete colgante.

#diadelasmadres #mothersday

En la imagen que me había pintado de la maternidad, no existía el cansancio (al menos no el tipo de cansancio que provoca cuidar de un bebé durante todas las horas del día). No existía el temor que causa el sentirse responsable por la vida y el bienestar de otro ser humano, que no cuenta con las capacidades de un adulto para expresar lo que necesita. En la imagen perfecta e ideal que tenía de ser madre, no existía el fracaso, ni la frustración, ni la angustia.

Ahora, ser madre es otra realidad. Y no hablo solo de las mujeres que como yo, han tenido la fortuna de concebir y dar a luz a un bebé. Hablo también de las madres que no tienen hijos propios, de las tías, de las consejeras espirituales, de todas las mujeres que han dado a luz en su corazón a un pequeño ser.

Ser madre, indudablemente (y cayendo en el abismo de los tópicos), te cambia la vida. Nunca volverás a tener las mismas prioridades que tenías antes de serlo. Nunca habrás sentido tanto amor por alguien, un sentimiento tan intenso y tan sobrecogedor como el que sientes cuando tu hijo o hija te mira, te besa, como cuando apoya su carita en tu pecho, o te llama Mama por primera vez o te busca a ti, en un momento de dolor o dificultad. Son emociones apabullantes y hermosas, tan complejas para describirlas con palabras que casi no vale la pena intentarlo. Aún así, una lo intenta, porque cuando eres madre, con todo tu corazón, te dan ganas de gritar a los cuatro vientos todo el amor que sientes y que podría hacerte estallar de felicidad y de éxtasis.

Ser madre, también, te convierte en una mejor persona, porque buscas siempre el modo de hacer, enseñar y vivir, lo mejor posible. Quieres que tu hija(o) salga de tu hogar (incluso a los pocos meses de vida), con la mayor confianza en la bondad y la generosidad de los seres humanos que le rodean; deseas que esas cualidades sean las que se encuentre en su camino, y por tanto eres más consciente de todas tus acciones, de tu proyección hacia el mundo, un mundo en el que ahora, introduces a este nuevo ser humano, que te tomará como su principal referencia; esperando que sea una persona de bien, feliz, resiliente e independiente.

Ser madre… Ufff… No es para nada lo que había supuesto, es la mayor oportunidad de la vida, es el mejor reto imaginable y es mucho, mucho más maravilloso de lo que habría podido soñar.


Motherhood

If someone asked me what I imagined it would be like to be a mother, I would surely have answered something like: “I know for sure that it will not be easy, there will be difficult moments but above all it will be beautiful and an experience that I would like to live”. An answer that certainly does not stray far from reality. The big difference between reality and imagination is that, while I said those words, the image of a smiling and perfect baby would float in my head, comfortably reclining in a chair, moving his legs in the air and trying to reach a toy with his/her hands. In the image I had painted of motherhood, there was no fatigue (at least not the kind of fatigue that taking care of a baby causes during all hours of the day). There was no fear caused by feeling responsible for the life and well-being of another human being, who does not have the capacities of an adult to express what he needs. In the perfect and ideal image of being a mother, there was no failure, no frustration, no anguish.
Now, being a mother is another reality. And I’m not just talking about women who, like me, have been fortunate enough to conceive and give birth to a baby. I also speak of mothers who do not have children of their own, of aunts, of spiritual advisers, of all women who have given birth to a little being in their hearts. Being a mother, undoubtedly (and falling into the abyss of clichés), changes your life. You will never have the same priorities that you had before. You will never have felt so much love for someone, a feeling as intense and as overwhelming as that you feel when your son or daughter looks at you, kisses you, as when she lays her face on your chest, or calls you Mama for the first time, or seeks you out, in a moment of pain or difficulty. They are overwhelming and beautiful emotions, so complex to describe with words that it is hardly worth trying. Still, one tries, because when you are a mother with all your heart, you feel like you want to scream all the love you feel to the World and that these feelings could make you burst with happiness and ecstasy. Being a mother, too, makes you a better person, because you are always looking for the best way to do, to teach and to live. You want your daughter or son to leave your home (even after a few months of life), with the greatest confidence in the kindness and generosity of the human beings around him; you want those qualities to be the ones that are in his way, and therefore you are more aware of all your actions, of your projection towards the world, a world in which now, you introduce this new human being, who will take you as his main reference; hoping that he is a person of good, a happy person, resilient and independent. Being a mother … Ufff … It is not at all what I had supposed it would be, it is the greatest opportunity in life, it is the best challenge imaginable and it is much, much more wonderful than I could have dreamed of.

2 comentarios en “Ser madre Deja un comentario

  1. Muy bonita tu reflexión sobre la maternidad comparto que no hay sentimiento que supere a ese de tener a tú hija entre tus brazos y aunque verás que crecen a una velocidad apabullante seguirás sintiendo ese sentimiento de inseguridad y temor por lo que pudiera pasarle, en fin que la maternidad una vez comenzada es hasta el final de tus días, disfruta cada instante, que es el mejor regalo que la vida nos da😊

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