España, Experiencias, Primera vez, Viajes con bebés

Experiencia de parto en el Hospital Quirónsalud Barcelona

Hago un paréntesis entre viajes y libros, para compartir la experiencia más liberadora y gratificante de toda mi vida; el momento en el que llegó al mundo mi pequeña niña bonita.

…y algunos se preguntarán: ¿Por qué compartir públicamente éste, un tema que se considera tan íntimo? Pues la respuesta es simple: porque a mi me hubiese gustado conocer las experiencias de otras madres cuando comencé el embarazo, y me sentí tan perdida sobre dónde y especialmente con qué profesional, hacer el seguimiento. Así, de este modo, espero iluminar un poco el camino de las que como yo, puedan encontrarse viviendo su embarazo lejos de su tierra y de su familia de origen.

Acercamiento al sistema de salud público y privado en España

Llevo varios años viviendo en la capital catalana, y debido a mi especialización en Psicología clínica, había hecho prácticas profesionales en un par de hospitales del área. Sin embargo, realmente nunca me había interesado como paciente por el sistema sanitario español hasta el momento en el que supe que estaba embarazada. Así que después de preguntar a las once mil vírgenes por recomendaciones, leer todo lo que pude encontrar en Internet (que honestamente, no fue tanto como esperaba), y probar alguna consulta privada y la pública, me decidí por hacer el seguimiento del embarazo en el Hospital Quirónsalud, que era uno de los más recomendados en el sector privado, y en el cual trabaja la ginecóloga que me recomendaron encarecidamente, la doctora Marina FOLCH; de quien después descubriría que es una profesional impecable, de esas personas que transmiten seguridad y confianza al instante; con quien yo, como madre primeriza, me he sentido totalmente respaldada y tranquila.

Parto inducido

La decisión de inducir el parto la consensuamos con la doctora una vez había pasado la fecha probable de parto, y decidimos que debido al tamaño de la bebé lo mejor sería no esperar demasiado, así que en la semana 41 de embarazo haríamos la inducción. El día señalado estuvimos allí (marido, madre, abuela, bebé en camino y maletas) a primera hora, en la entrada de Urgencias del Hospital Quirón, para hacer el ingreso. Pasado el trámite burocrático, en unos veinte minutos ya estábamos en la habitación donde haríamos la inducción, allí conocimos a la matrona que nos acompañaría durante el proceso, GEMMA; a quien le agradezco muchísimo su profesionalidad, su simpatía y el detalle de presentarme a una colega paisana mía, otra profesional maravillosa.

Como les comentaba antes, todo el proceso en mi caso fue bastante rápido, unas 4,5 horas aprox. en total, desde que me comenzaron a pasar la oxitocina en vena, hasta que mi pequeña estuvo en mis brazos. En el intermedio, comencé a dilatar después de una hora con la hormona en acción, y cuando llegué a los 4cm, la comadrona me recomendó poner la anestesia epidural, (que yo antes del parto, ya había decidido emplearía), y que sin hacer alardes, fue una de mis mejores decisiones, al menos para un primer parto. Con la anestesia haciendo su efecto, el dolor de las contracciones, (que fue como un dolor de regla más acentuado), quedó totalmente nulo. Una maravilla! Aunque también he de decir que fue un poco extraño la disminución de la sensibilidad de cintura hacia abajo. A partir de la epidural, en menos de dos horas ya había dilatado 10cm y pasamos al salón de partos. La etapa de pujar comenzó poco menos de una hora después. La doctora y la comadrona me iban guiando, mientras el amore no se despegaba de mi lado dándome ánimos. Todo pasó en un abrir y cerrar de ojos, siento que pujé con todas mis fuerzas, aún así mi bebé al parecer, se sentía demasiado cómoda dentro de mami y hubo que darle un “empujoncito”, con la ayuda de una ventosa, para que hiciese su entrada triunfal al mundo. Mi episiotomía, derivada del proceso, recibió un punto, y mi pequeña ya estaba en mis brazos finalmente, con sus 3kg y 650gr prendida a mi pecho. Después de su nacimiento y de haber pasado los controles rutinarios, subimos a la habitación con ella pegada a mi en todo momento, piel con piel. Tenerla así, viendo su carita, sintiendo su corazón latir, alimentándose de mi, ha sido la emoción más intensa que he vivido nunca.

Lo dicho, una experiencia maravillosa, la más gratificante de toda mi vida; que tuve la suerte de experimentar, rodeada por excelentes profesionales, mi amor y mejor amigo, y unas felices abuelas.

El post-parto, la primera sacudida de manos con la lactancia materna exclusiva y los primeros días en casa con un recién nacido, ya dan tema para un libro…

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