Senderismo en la Seu d’Urgell

Que podemos decir de la grandiosa sensación de satisfacción cuando hacemos algo que habíamos deseado mucho?

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Desde hacía algún tiempo anhelaba ir a un bosque, buscaba disfrutar del placer que brinda respirar aire puro,  estar en contacto directo con un ambiente totalmente natural, y alejado de las presiones que nos impone la socialización, la sociedad, la vida en comunidad.

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Cuando llegamos a la Seu d’Urgell (Lleida, Catalunya) hacía un poco de frío, incluso aún las montañas estaban nevadas, el viento era limpio y escaso, brindando la posibilidad de andar sin sufrir del agotamiento que provocan las altas temperaturas.

El sendero escogido fue el de Sant Joan de l´Erm Vell, a unos 32 km de la Seu d’Urgell y formando parte del valle de Santa Magdalena: La Vall boscosa, en la zona conocida como Les Valls del Cadí.

Éste sería el escenario de nuestro paseo, donde nos proponíamos andar unos 10 km a una altitud entre 1670 m y 1720 m, con un desnivel de 50 m.
El sendero comenzaba desde un campamento infantil donde niños pequeños aprendían a esquiar guiados por varios jóvenes instructures. En el párking los autobuses escolares les aguardaban y ellos se veían disfrutar del hielo y los esquíes con la naturalidad con la que beben un Cacaolat.

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A partir de este momento, al iniciar el camino, se perdía el contacto con el resto de la humanidad y entrabas al maravilloso mundo de sólo árboles, estrechos caminos, riachuelos que corrían montaña abajo y la mejor compañía. Los rayos de sol se escurrían entre las copas de los árboles y en ocasiones unas pisadas en la nieve nos dejaban claro que no andábamos en un terreno inexplorado.

El objetivo era llegar a la Ermita de Sant Joan de l´Erm Vell, pero esto no era lo más importante, sabíamos que el trayecto sería nuestro bien más preciado. Así caminando entre la nieve, los altísimos árboles, sorteando ramas caídas, charcos de lodo y deteniendonos en ocasiones para retomar fuerzas y continuar la subida, pasamos unas increíbles horas.

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Confieso que algunos momentos fueron físicamente demandantes pero valieron totalmente el esfuerzo. Al llegar a la cima encontramos la Ermita, unas ruinas de lo que antes había sido un santuario y hospedería, éste era el momento de sentarse a mirar al horizonte, un dibujo majestuoso de montañas que parecían hablar de la intrascendencia del paso del tiempo, el sonido de los animales del bosque y el paisaje intacto producto del escaso paso del hombre por aquellos sitios.

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Por supuesto el regreso también fue de disfrute exquisito, y el producto del día: satisfacción personal + cansancio físico + alimento para el alma; no lo podría haber deseado mejor!

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Hiking in the Seu d’Urgell

What can we say about the great sense of satisfaction when we do something that we have longed waited for?
For some time I longed to go to a forest, I wanted to enjoy the pleasure of breathing pure air, being in direct contact with a totally natural environment, and away from the pressures imposed by socialization and community life.
When we arrived at Seu d’Urgell (Lleida, Catalunya) it was a little cold, even the mountains were still snowy, the wind was clean and scarce, giving the possibility of walking without suffering from the exhaustion caused by high temperatures.
The trail chosen was Sant Joan de l’Erm Vell, about 32 km from Seu d’Urgell and forming part of the Santa Magdalena Valley: La Vall Boscosa, in the area known as Les Valls del Cadí.
This would be the stage of our walk, where we intended to walk about 10 km at an altitude between 1670 m and 1720 m, with a 50 m difference.
The trail started from a children’s camp where young children learned to ski guided by several young instructures. In the parking lot the school buses were waiting for them and they could enjoy the ice and the skis with the naturalness with which they drink a Cacaolat.
From this moment, when we started the road, we lost touch with the rest of humanity and entered the wonderful world of only trees, narrow roads, streams that run down the mountain and the best company. The rays of the sun streamed through the tops of the trees and sometimes footsteps in the snow made it clear that we were not walking on uncharted terrain.
The goal was to reach the Ermita Sant Joan de l’Erm Vell, but this was not the most important matter, we knew that the route would be our most precious asset. Thus walking among the snow, the towering trees, crossing fallen branches, puddles of mud and stopping sometimes to regain strength and continue the ascent, we spent some incredible hours.
I confess that some moments were physically demanding but were worth the effort. At the top of the hill we find the Hermitage, ruins of what had once been a sanctuary and inn, this was the moment to sit and look at the horizon, a majestic drawing of mountains that seemed to speak of the inconsequential passage of time, the Sound of the animals of the forest and the intact landscape product of the little passage of the man by those places.
Of course the return was also of exquisite enjoyment, and the product of the day: personal satisfaction + physical fatigue + food for the soul; I could not have wished it better!

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