Fragmentos de La Habana Vieja

La Habana, una ciudad compleja para muchos, indiferente para otros, pero para la mayor parte de sus visitantes, una ciudad hermosa y fascinante, llena de sabor y frescura.

El escenario ideal para sentirse en otra época. Para los fanáticos de los coches antiguos resulta extraordinaria, “un museo rodante”. Es como trasladarse 50 años atrás para descubrir una sociedad que se ha quedado detenida en el tiempo.

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Gran Teatro Nacional, 2014
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El Capitolio de La Habana. 2014

No obstante a eso La Habana sigue enamorando a quien la conoce, quizás es el calor de su gente y su clima, sus paisajes, quizás es el ambiente distendido y la pasión por la música y el baile, o quizás es toda esta amalgama de sensaciones que produce y que convierte a esta ciudad en una joya.

En lo particular, hay un área de La Habana que es por excelencia mi favorita, La Habana Vieja, la zona más antigua de la capital cubana, construida por la corona española alrededor de 1519 y sometida a disimiles cambios desde entonces, empezando por ataques de corsarios franceses y terminando con la autodestrucción que provoca la abulia y la dependencia.

Aun así andar sus calles me continúa pareciendo seductor…

Mi recorrido favorito comienza en la Calle Obispo, y nada más llegar encontramos El Floridita, “el bar de Hemingway”, como se le conoce popularmente; pues el premio Nobel de Literatura solía pasar sus tardes entre este y otro sitio emblemático de la ciudad, La Bodeguita del Medio.

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El primero es un sitio especial, reconocido en 1953 por la revista estadounidense Esquire, como uno de los siete bares más famosos del mundo. Creado en 1817 con el nombre de La Piña de Plata y asumido mas tarde por el catalán Constantino Ribalaigua Vert, quien en 1914 comenzó a trabajar como mesero y cuatro años más tarde se convertiría en dueño del local al adquirirlo a Sala i Perera, ya bajo su nombre definitivo, Floridita. Muchos aseguran que fue él quien trajo del centro de Cuba y popularizó el Daiquiri, el cóctel icónico de este bar y al que también Hemingway era asiduo. En su memoria fue erigida una escultura a tamaño real en 2003, donde se lo ve apoyado sobre la barra en el que fuese su rincón favorito del bar, algo que constituye una gran atracción para visitantes de todos los rincones del globo. Esta ambientación de años ´30 es inmejorablemente realzada por sus músicos y barman. Quienes desde mi perspectiva, producen realmente la magia.

El segundo es un bar y restaurante enclavado a dos pasos de la Catedral de La Habana y tan sencillo como vivo, siempre hay una pequeña orquesta tocando son, salsa, guaracha y otros ritmos inevitablemente contagiosos y un número elevado de turistas congregados en su minúsculo bar intentado beber un Mojito típicamente cubano. Las paredes de este sitio están llenas de escritos, frases de personajes célebres o nombres de otros no tan célebres que también han gustado dejar su sello.

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“La Bodeguita del Medio”, Cuba
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Interior de La Bodeguita del Medio, Cuba

Continuando la calle Obispo nos encontramos en una estrecha y adoquinada vía, que podría recordar a la zona antigua de Barcelona, y que te sorprende cuando, al mirar hacia arriba, por muy destruidas que estén sus fachadas, logras vislumbrar lo que debían haber sido aquellas construcciones cuando las señoras paseaban en sus volantas y los campesinos vendían frutas en cualquier esquina.

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Así, entre el barullo de los transeúntes, la ilusión de otros tiempos y hasta una pareja en zancos interpretando canciones tradicionales, llegamos al Café Santo Domingo, donde un pastel de frutas o de dulce de guayaba y queso fresco, te alegra el día en un dos por tres… y continuando pasamos de lado el Museo de los Capitanes Generales, antigua casa del gobernador español en la Isla y su hermosa la Plaza de Armas; para encontrarnos a sólo unos metros de la bahía de La Habana.

Este es un recorrido de no más de 1h y podríamos decir en línea recta, desde el Parque Central hasta la bahía. Recomiendo tomar alguna bifurcación antes de llegar a la Plaza de Armas para descubrir pequeñas tiendas, negocios locales, restaurantes y otros sitios de interés turístico.

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Fragments of Old Havana

Havana, a complex city for many, indifferent to many others, but for most of its visitors, a beautiful and fascinating city, full of flavor and freshness. The ideal setting to feel at another time. For the fans of the old cars it is extraordinary, “a rolling museum”. It’s like moving 50 years ago to discover a society that has been stuck in time.
Nevertheless Havana continues making people fall in love with it, perhaps it is the warm people and its climate, its landscapes, perhaps it is the relaxed atmosphere and the passion for the music and the dance, or perhaps it is all this amalgam of sensations Which Havana produces and turns this city into a jewel.
In particular, there is an area of Havana that is par excellence my favorite, Old Havana, the oldest part of the Cuban capital, built by the Spanish crown around 1519 and subjected to dissimilar changes since then, beginning with attacks by French corsairs and ending with the self-destruction that causes abulia and dependence.
Even so, walking its streets still seems seductive.
My favorite route starts at Obispo Street, and as soon as we arrive we find El Floridita, “Hemingway’s Bar”, as it is popularly known; because the Nobel Prize for Literature used to spend his afternoons between this and another emblematic site of the city, La Bodeguita del Medio.
The first is a special site, recognized in 1953 by the American magazine Esquire, as one of the seven most famous bars in the world. Created in 1817 under the name of La Piña de Plata and later assumed by the Catalan Constantino Ribalaigua Vert, who in 1914 began to work as a waiter and four years later became the owner of the place when purchased at Sala i Perera, with its definitive name, Floridita. Many claim that was him who brought from the center of Cuba and popularized the Daiquiri, the iconic cocktail of this bar and Hemingway´s favorite. In his memory, a life-size sculpture was erected in 2003, where it was his favorite corner of the bar, something that offers a great attraction for many tourists around the globe. This setting of ’30 years is unbeatable enhanced by its musicians and barman, who from my perspective, really produce magic.
The second is a bar and restaurant located just a few steps from the Cathedral of Havana and as simple as alive, there is always a small orchestra playing son, salsa, guaracha and other inevitably contagious rhythms and a large number of tourists gathered in the tiny bar trying to get a typical Cuban Mojito. The walls of this site are full of writings, phrases of celebrities or names of others not so famous that also have liked to leave their seal.
Continuing Obispo Street we are in a narrow and cobbled road that could remind the old area of Barcelona, and that surprises you when, looking up, despite how destroyed their facades looks like now, you can see what they must have been those when the ladies walked in their volantas and the peasants sold fruits in any corner.
Thus, between the noise of passersby, the illusion of other times and even a couple on stilts interpreting traditional songs, we arrive at the Cafe Santo Domingo, where a fruit cake or fresh guava and cheese, makes your day in a moment …and continuing we let behind the Museum of the Captains General, the old house of the Spanish governor on the Island, and its beautiful the Plaza de Armas; to find us just a few meters from the bay of Havana. This is a walk of no more than 1h and we could say in a straight line, from the Central Park to the bay. I recommend taking a fork before arriving at the Plaza de Armas to discover small shops, local businesses, restaurants and other places of tourist interest.

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